Cuando se contrata un seguro, es común fijarse en las coberturas, el precio de la póliza o el deducible. Sin embargo, hay un elemento que puede pasar desapercibido y que tiene un papel fundamental: el valor asegurado.
¿Qué es el valor asegurado?
El valor asegurado es la suma o valor que se establece en la póliza como referencia para la protección de un determinado bien o interés asegurable.
Por ejemplo, si una empresa asegura su maquinaria por $500 millones, ese valor hace parte de las condiciones sobre las cuales se estructura la protección contratada.
Sin embargo, valor asegurado no significa necesariamente que la compañía de seguros vaya a pagar automáticamente esa cantidad ante cualquier siniestro.
La indemnización dependerá de factores como:
- El tipo de cobertura contratada.
- El daño ocurrido.
- Los límites establecidos.
- El deducible aplicable.
- Las condiciones de la póliza.
- Las exclusiones.
- La forma en que se haya establecido el valor del bien.
Por eso, conocer el valor asegurado es tan importante como conocer qué cubre la póliza.
¿Por qué es tan importante definirlo correctamente?
Imagine que una empresa tiene equipos, maquinaria e infraestructura que han aumentado de valor con el tiempo, pero sus seguros continúan registrados con valores que ya no corresponden a su realidad.
Ante un siniestro importante, podría existir una diferencia entre el valor que realmente necesita proteger y el valor que fue considerado al estructurar la póliza.
Esto puede generar una protección insuficiente frente a las necesidades actuales.
Por eso, asegurar correctamente no consiste únicamente en tener una póliza vigente. También implica revisar si los valores asegurados siguen siendo adecuados.
¿Qué pasa si el valor asegurado es inferior al valor real?
Cuando un bien está asegurado por un valor inferior al que corresponde a su realidad, puede existir una situación de infraseguro.
Por ejemplo: Una empresa tiene bienes cuyo valor asegurable corresponde a $1.000 millones, pero la póliza contempla un valor de $600 millones.
Si ocurre un siniestro, la forma en que se determine la indemnización dependerá de las condiciones específicas de la póliza y de cómo esté establecida la cobertura.
En determinados seguros puede aplicarse una regla proporcional, lo que significa que la indemnización podría verse afectada por la diferencia entre el valor real y el valor asegurado.
Por eso, no siempre resulta conveniente elegir un valor simplemente para obtener una prima más baja.
Una póliza debe responder a la realidad del riesgo que se quiere proteger.
¿Y si el valor asegurado es superior?
También puede ocurrir lo contrario: establecer un valor asegurado mayor al valor que corresponde al bien.
Esto no significa que, ante un siniestro, automáticamente se vaya a recibir ese valor.
El seguro busca compensar una pérdida cubierta de acuerdo con las condiciones contratadas; no generar una ganancia para el asegurado.
Por eso, establecer valores sin una adecuada valoración puede significar pagar por una protección que no necesariamente corresponde a la realidad del bien.
Valor asegurado, valor comercial y valor de reposición: no son lo mismo
Uno de los errores más frecuentes es pensar que todos estos conceptos significan lo mismo.
Valor asegurado: Es el valor establecido en la póliza para determinar el alcance económico de determinada protección, de acuerdo con sus condiciones.
Valor comercial: Es el valor que puede tener un bien en el mercado en un momento determinado.
Por ejemplo, un vehículo usado puede tener un valor comercial que cambia con el tiempo debido a su antigüedad, estado, kilometraje y condiciones del mercado.
Valor de reposición: Hace referencia, según el tipo de seguro y las condiciones contratadas, al costo necesario para reemplazar un bien por otro de características equivalentes o restablecerlo a determinadas condiciones.
La forma de valorar un bien depende del tipo de seguro y de las condiciones específicas de la póliza.
Por eso, no es recomendable asumir que el valor de compra de un bien es automáticamente el valor que debe aparecer en su seguro.
Un ejemplo sencillo
Supongamos que una empresa cuenta con maquinaria que hace cinco años tenía un determinado valor, pero con el crecimiento de la operación adquirió nuevos equipos y realizó mejoras.
Si la empresa conserva durante años los mismos valores asegurados sin revisar su situación actual, es posible que la póliza ya no refleje adecuadamente el patrimonio que necesita proteger.
Por eso, una revisión periódica puede ayudar a identificar:
¿Qué tenemos?
¿Cuánto vale actualmente?
¿Qué riesgos podrían afectarlo?
¿Qué parte está asegurada?
¿Los valores de la póliza siguen siendo adecuados?
Esta revisión hace parte de una gestión responsable del riesgo.
El valor asegurado también debe evolucionar
Las personas cambian. Las empresas crecen. Los bienes se valorizan, se reemplazan o se incorporan nuevos activos.
Por eso, los seguros tampoco deberían quedarse estáticos.
Una empresa que adquiere maquinaria nueva, amplía sus instalaciones o aumenta considerablemente su inventario debería revisar si sus pólizas continúan respondiendo a esa nueva realidad.
Lo mismo puede suceder con una persona que adquiere una vivienda, realiza remodelaciones importantes o incorpora nuevos bienes a su patrimonio.
Lo que se aseguró hace algunos años puede no representar lo que hoy necesita proteger.
¿Cómo saber si el valor asegurado es adecuado?
No existe una cifra universal que pueda aplicarse a todos los bienes o personas. La valoración depende del tipo de riesgo, del bien, de la cobertura y de las condiciones específicas de la póliza.
Asegurar no es ponerle un número a un bien. Es entender qué necesita proteger.
El valor asegurado es mucho más que una cifra dentro de una póliza. Es uno de los elementos que permite estructurar una protección acorde con la realidad de un bien, una persona o una empresa.
Por eso, revisar periódicamente los valores asegurados no debería hacerse únicamente cuando ocurre un siniestro.
La mejor protección empieza mucho antes.
En RISKS acompañamos a nuestros clientes en la identificación y gestión de sus riesgos, buscando que sus seguros respondan a sus necesidades reales y a los cambios que puedan presentarse en el tiempo.
Porque proteger adecuadamente también significa saber cuánto necesita proteger.



